Construir un Espacio de Práctica

En mi propia experiencia como estudiante e intérprete y en el trabajo con mis alumnos, he pasado un buen tiempo pensando en nuestro lugar de estudio. Cada vez que hablo sobre esto, la gente piensa que me refiero sólo al lugar físico, y normalmente saltan críticas sobre las pobres posibilidades que en general, ofrecen los conservatorios y las escuelas de música para este fin. Siempre estoy de acuerdo. Las viví como alumna, y también como profesora. Pero existe también una pobreza que no tiene que ver con el lugar físico, y que se relaciona con nosotros mismos. Luego de años, he logrado llegar a un modelo que les quiero compartir.



En el espacio donde llevamos a cabo nuestra práctica, se conjugan: por un lado, el lugar físico, y por otro, nuestro estado interno. Cada uno, aportando sus propias condiciones. El primero responde a la pregunta ¿dónde estoy? El segundo, a la pregunta ¿cómo estoy?


Imaginemos el lugar donde estudiamos normalmente. Pensemos en sus características de luminosidad, temperatura, olores, los ruidos externos, el espacio mismo en sus dimensiones. Los invito a entrar ahí, cerramos los ojos, y nos hacemos la pregunta ¿desde dónde vengo? Lo más probable es que pensemos desde dónde venimos físicamente, un lugar. Sin embargo, no es a eso a lo que me refiero con la pregunta.

Desde dónde vengo tiene relación conmigo al momento de estudiar: ¿Dónde está mi cabeza? ¿Cómo estoy emocionalmente? ¿Estrés? ¿Dónde están mis expectativas? ¿Cómo se enmarca esta práctica dentro de mis objetivos? ¿Cuál será el foco de esta sesión? ¿Pondré mi esfuerzo en el trabajo urgente (clase inminente, p.ej.)? ¿Cuál es el mindset en este momento?


No se mareen. No es necesario hacerse todas esas preguntas. Normalmente partes con una que hace de "abre la lata" y después todo fluye, porque hacernos este chequeo comienza a tener sentido. A cada uno le salta aquello que "le aprieta el zapato" y encuentra material para poner en orden. Es eso, no más. Y digo "material para poner en orden" porque no se trata de buscar motivos para ir a terapia, bajonearse, ponerse existenciales y generar un anti clímax para la práctica ¡es justamente todo lo contrario!

¿No suena lógico que así como llegamos a un sitio, y si encontramos el aire encerrado abrimos una ventana... si nos damos una miradita y nos encontramos cargados de frustración, sería bueno dedicar un par de minutos a respirar profundo y regalarnos un momento para disponernos de una mejor manera?

Es importante tener claro que muchas veces nuestra mente y nuestro corazón estarán abrumados por cosas que pueden ser sencillas, y que con algunas respiraciones podremos disipar. Otras, podrán ser hechos más complejos que no podemos resolver en el momento, pero si este es el caso y no estamos haciendo nada en ese momento por resolverlo ¿tiene sentido seguir con la mente puesta ahí?

También podemos tomar consciencia de porqué tengo la sensación que tengo, mirarla, y decirnos a nosotros mismos que eso quedará a un lado por el próximo rato (el que sea que ocupemos en nuestra práctica), y que lo re tomaremos al finalizar. Por supuesto podrá aparecer como un fantasma, y para cada aparición podemos dedicar un momento para agradecer en nuestra mente este recordatorio, y amablemente dejarlo pasar hasta un momento posterior. La mente se puede entrenar, y podemos adquirir una gran práctica en este sentido.


Vuelvo entonces al modelo. He llegado a la conclusión que la construcción de nuestro espacio de práctica, corresponde a la intersección del lugar físico que hemos elegido para hacerlo (fuera) y a nuestro estado personal en el momento de la práctica (dentro). A ambos se debe prestar atención, si queremos construir un espacio de práctica óptimo, motivador y fértil.

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